Posteado por: Mari Carmen | 12 febrero 2011

La Música es cultura

Artículo publicado en el libro conmemorativo “15 años de Cursos y del Festival Internacional de Música de la Mancha en Quintanar de la Orden”.

“La música es cultura. Para quien la interpreta, para quien la escucha; para profesionales, para aficionados. La cultura es vida ya vivida. Por lo tanto la vida sin música, no es vida”.

Considero a la música como un bien social. Un tesoro de rara especie, porque teniendo un valor incalculable, no todo el mundo es consciente de ello, y ante esa falta de “conciencia”, no todos se atreven a llevársela a casa. Si fuera un fajo de billetes nadie se lo pensaría dos veces, pero siendo cultura, muchos dudan. Ahí es donde entra en juego la divulgación, la difusión, el hacer partícipes a todos los miembros de nuestra comunidad de la importancia de la música, de la cultura, del conocimiento, del saber. No podemos permitirnos el lujo de mirar hacia otro lado mientras vemos cómo la sociedad se aleja de uno de los tesoros humanos más importantes. La música limpia al ser humano por dentro y por fuera. “La música cura los males del corazón y las penurias del alma”. Habrá que buscar la forma de poder ofrecerles las bondades musicales, tal como a los niños pequeños se les anima con mil estrategias a que coman aquellos alimentos necesarios para su pleno desarrollo. No puedo concebir en mi imaginación una sociedad que no se alimente, todos los días, de Buena Música.

“La música si no se conoce no se entiende; pero si no se entiende jamás se llegará a conocer en su plenitud. Conocer y entender deben conjugarse al mismo tiempo, deben ir de la mano en este camino hacia la sabiduría”.

La música necesita de esa idea del conocer y del comprender para que el reconocer se haga aun más placentero. Hay personas a las que no conoces, pero de verlas a diario las reconoces. Como hay melodías que no comprendes su valor, ni su funcionamiento interválico, ni su estructura, pero se han encargado de repetírtelas el número de veces necesario para que las reconozcas y formen parte de tu vida; algunas incluso por encima de tus propios gustos.

Ésta ha de ser la función de la difusión musical, hacer reconocer a la Buena Música, sobre todo ahora que los conciertos, tal como nosotros los conocimos de pequeños, ya no son la única manifestación musical que nos rodea. El mundo cambia constantemente y con él todo lo que en él vive. La música ha sufrido enormes transformaciones a lo largo del pasado siglo XX y va a cambiar mucho más a lo largo de este nuevo siglo. Antes era un elemento absolutamente relacionado con el arte. Ahora afortunadamente aun lo está, pero ha de compartir espacio con otros arquetipos: música para bailar, música de fondo, música para móviles, música para oír, pero no escuchar… todas necesarias, pero cada una de ellas debería mantener su propio espacio para mostrar sus bondades.

Antes, la palabra concierto tenía un par de definiciones muy claras; ahora tiene muchas. Si preguntas a un joven qué es un concierto, ¿cuál será su respuesta? ¿un grupo de músicos vestidos de blanco y negro, sentados alrededor de otro que está subido en un pedestal, que sujeta en una de las manos una especie de varita mágica y que la agita en el aire cual si de Harry Potter se tratara? ¿O más bien para ellos, la palabra concierto estará relacionada con un grupo de músicos vestidos “a la última”, sobre un escenario de 75 metros cuadrados, con 60.000 vatios de sonido, y 40.000 personas coreando el último éxito del momento?

“La vida cambia, evoluciona, se transforma; también lo hacen las costumbres, la cultura; y la música”.

No puedo negar la evidencia de que el mundo ha evolucionado, pero también es cierto que en ningún momento quiero perder de vista mi primera imagen de un concierto. Esa que tengo grabada a fuego, ese primer día en el que asistí a una sala y me sumergí por completo en el mundo sonoro. Es necesario que la música tal como la hemos conocido siga viva. Que se siga tocando en directo, que se sigan estrenando obras, que las voces de los genios del pasado y los actuales, así como los venideros, no sean acalladas. Pero para ello necesitamos público; quizás no 40.000 personas en el patio de butacas, ni 60.000 vatios de sonido, pero si necesitamos público “vivo”. Temo que de seguir al ritmo que llevamos, dentro de un tiempo nuestro concepto de concierto haya desaparecido, como desaparecieron los Dinosaurios por su falta de evolución.

“El nivel de bienestar de una sociedad actual está absolutamente relacionado con los niveles de asimilación, conocimiento y disfrute de la Buena Música. Muéstreme la programación del auditorio de un ciudad y le diré cuál es su estado de salud”.

Por ello hay que trabajar día a día en la Difusión Musical. Nuestro futuro y el de nuestra sociedad, depende de ello. Cada entidad musical de nuestra comunidad debería tener un departamento dedicado a la divulgación de su actividad musical, sea ésta cual sea. Bandas de Música, Grupos Corales, Orfeones, Grupos Coros y Danzas y de Folklore, Escuelas de Música, Conservatorios. Todos debemos trabajar en una misma dirección: DIFUNDIR, DIVULGAR, MOSTRAR nuestra cultura musical, nuestras ilusiones, nuestra forma de vivir. La música nos ha marcado, nos ha hecho diferentes, sensibles, nos ha educado en unas formas, nunca mejor dicho. Hay que llegar a los nuevos públicos que desconocen nuestras actividades, nuestro trabajo, las grandes aportaciones que la música puede hacer a sus vidas.

Sin pretensión, cada uno siendo muy consciente de cuál es su ámbito y cuál el conjunto de tierras a las que tiene acceso para “sembrar”. Pero hemos de tener muy claro que sin esa siembra, no tendremos cosecha en los tiempos venideros. Es imprescindible trabajar hoy con los oyentes del mañana. El público no se genera de manera espontánea; el público de hoy fue alimentado por las tradiciones musicales de hace bastantes años. Ahora los tiempos son otros, la vida es otra; no podemos seguir utilizando las mismas herramientas que hace 50, 100 o 200 años.

“La música si no se conoce o no se entiende, no se disfruta”.

“Si no se disfruta, no produce placer, por lo tanto no se renueva la necesidad de asistir a los conciertos”.

“Pero si no se asiste a los conciertos ¿para qué ofrecerlos?”.

“Y si no se ofrecen conciertos ¿para qué existen los músicos profesionales? ¿para qué tocar? ¿para qué componer?”

P.D. “¿Que qué es la Buena Música? Toda aquella que alimenta al alma, sea de ayer, de hoy o del mañana.”

Antonio Domingo


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