Posteado por: Mari Carmen | 18 agosto 2011

El Lied

El Lied

Lied es una palabra alemana cuyo plural es lieder y que significa «canción». Sin embargo, como forma musical tiene una acepción más concreta: es una canción para voz solista con acompañamiento de piano, cuya música se compone basándose en una poesía. De esta manera se consigue la íntima unión entre el texto y la música. Por lo tanto, estamos ante una forma de tipo vocal.

Te presento un lied de Schubert: Rosa de zarza

Origen y evolución

Si nos remontamos a la Edad Media, comprobamos que junto a la música religiosa convivió otra profana y menos elaborada, la monódica (de una sola voz con acompañamiento instrumental) de los poetas-músicos itinerantes, los trovadores, cuyas composiciones marcan el comienzo de la “canción culta”( pensar en las canciones provenzales, baladas u otras acompañadas del laúd).

El canto polifónico de la Contrarreforma (Palestrina) fue remplazado por el Kirchenlied (Canción eclesiástica), una canción estrófica con rimas en alemán, y con música parecida a la de la época. Los poetas más influyentes fueron Martín Lutero (1483 – 1546), Paul Gerhardt(1607 – 1676) y Joachim Neander (1650 – 1680).

Compositores barrocos transformaron la canción popular (Volkslied) en culta (Kunstlied), caso de Carl Philipp Enmanuel Bach (1714-1788), hijo del gran Johann Sebastian, o de Christian Gottfried Krause (1719-1770).

Al final del barroco los compositores renuncian al uso del bajo continuo. Con eso, el camino esta libre para el piano solo como instrumento de acompañamento. La música debía adaptarse a la forma del poema como acompañamiento.

Sin embargo, la verdadera evolución del Lied comienza en la época clásica y culmina en la romántica. 

La canción culta, elaborada a partir de la popular o tradicional, no adquirió respetabilidad hasta el s. XIX, cuando los grandes compositores románticos del ámbito germánico consiguieron situarla en paridad artística con la ópera y la cantata religiosa (en las que el “aria” impera con su mayor complejidad y exigente virtuosismo), haciéndola pasar del menosprecio inicial al ensalzamiento definitivo.

El Romanticismo: Edad de Oro de Lied

El lied es el mejor vehículo para expresar los sentimientos románticos. En el siglo XIX recibió un nuevo impulso gracias a los poetas Goethe y Schiller, entre otros.

Como ya he mencionado al comienzo de esta entrada, el término lied se refiere a una composición típica de los países germánicos y escrita para un cantante con acompañamiento de piano. Es su principal característica la brevedad de la forma, la renuncia al virtuosismo belcantistico, la estrecha relación con el poema y la fuerte influencia de la canción popular alemana.

Esquemas musicales más frecuentes:

Predominan dos tipos formales principales:

  •  El lied estrófico: se repite la misma melodía, o con una pequeña variación, en cada una de las estrofas (A-A-A o A-A´-A´´)
  • El lied libre: en el que la música se adapta a la expresión y sentimientos presentes en cada estrofa del texto. Este fue el tipo habitual en el siglo XIX. El compositor austriaco Schubert consagró este género.
Schubert: la consagración del lied romántico

Franz Schubert (1797-1828) fue el verdadero creador del lied romántico. Su obra estuvo marcada por los movimientos literarios románticos, el lirismo y la exaltación del folclore alemán. Puso música a textos de los poetas Schiller y Goethe, entre otros. Sus temas predilectos fueron el amor, la muerte y la naturaleza. Compuso más de 600 lieder, que se cuentan entre lo mejor del Romanticismo y en los que consigue una compenetración casi completa con el texto. Están agrupados en colecciones, como La bella molinera, que consta de veinte canciones, y El viaje de invierno, con veinticuatro canciones. Su obra póstuma fue El canto del cisne, escrita en el año de su muerte 

Con Schubert, el lied fue liberado de todas las convenciones de aria de ópera y reducido al núcleo de la forma – el poema, la melodía y la ilustración a través del piano. 

Otros autores

Robert Schumann (1810-1856)

Tuvo amplia formación literaria, se separó de la temática popular y se introdujo en la poesía culta alemana y mundial. Sus poetas predilectos fueron Hoffmann, Goethe, Byron, Schiller y, por encima de todos, Heine.

Sus acompañamientos pianísticos son verdaderos subrayados al texto de los lieder. El lied de Schumann se diferencia del de Schubert en la manera de entender la melodía, en el acompañamiento y en su preocupación por el sentimiento. La forma es libre, adaptándose a la poesía de cada estrofa, y su gran novedad estriba en el acompañamiento pianístico, que en muchas ocasiones se erige en protagonista, o comenta psicológicamente el texto.

Compuso 250 lieder. Sobre textos de Heine se construye su ciclo Amor de poeta, con una melodía tierna y lírica a la que el acompañamiento del piano imprime un carácter irónico. Su otro gran ciclo Amor y vida de una mujer lo realizó sobre ocho poemas del poeta alemán Chamisso.

Johannes Brahms (1833-1897) 

Compuso más de 300 lieder influido por Schumann en su sentimentalismo y por Schubert en su carácter popular. Sobre textos de Tieck compuso la obra Romanzas de Magelone, que incluye quince lieder ligados por un argumento común. Escribió también Cuatro cantos serios, en donde el lied tiene una fuerza mayor.

Hugo Wolf (1860-1903)

Fue el más importante autor de lieder del final del Romanticismo. Bajo la influencia de Wagner, utilizó el principio de la «declamación continua», por el que el texto es la parte más importante de la obra. Su música fue una de las más avanzadas de la época en lo que se refiere a la disgregación de las tonalidades, y la principal característica de sus liederes el aspecto dramático. Escribió más de 300 lieder, destacando los Lieder sobre Goethe, Lieder españoles y Lieder italianos.

Gustav Mahler (1860-1911)

Es el iniciador del Lied contemporáneo y autor de unos 50 Lieder, la mayoría en ciclos.  En el Romanticismo tardío,  Mahler sustituyó el acompañamiento de piano por el de la orquesta sinfónica. Entre sus lieder merecen especial mención los Lieder aus des Knaben Wunderhorn (1888-99), Lieder de los niños muertos (1901-04) y  La canción de la Tierra (1907-09), considerada por muchos su obra maestra.

Muchos de sus Lieder están integrados en el contexto de una Sinfonía, como es el caso del cuarto movimiento de la segunda sinfonía, titulado Urlicht o las canciones sinfónicas Das Lied von der Erde. Mahler prescindió de los textos de poetas famosos en favor de textos anónimos de la cultura popular alemana o textos que imitaban el tono del poema popular.

Richard Strauss (1864-1949)

Es autor de más de 200 canciones para voz y piano, diecisiete de ellas orquestadas, y la mayor parte ordenadas en veintiséis colecciones, alcanzando en las más inspiradas una suprema maestría.

El Lied después del Romanticismo

La llama creativa de la canción culta no se apagó con el Romanticismo; continuó viva en el postromanticismo (algunos autores ya mencionados) y en el s. XX, con el dominio de los músicos germánicos, la continuidad de franceses y rusos, y la entrada en escena de compositores de otras naciones, a mayor o menor escala

En el ámbito germánico, donde a veces se impuso el acompañamiento orquestal sin que el Lied perdiese su esencia, surgieron continuadores de una gran tradición y a la vez innovadores del lenguaje musical.

La segunda escuela vienesa (Anton von Webern (1883 – 1945), Alban Berg (1885 – 1935), Arnold Schönberg (1874 – 1951) experimentó los límites de la más posible brevedad de la forma y aplicó el lenguaje dodecafónico. La elección de textos fue fuertemente influenciado por el simbolismo vienés. En las canciones tempranas de Arnold Schönberg se puede estudiar el giro estilístico de la composición tonal a la composición dodecafónica. En las composiciones de la segunda escuela vienesa, los compositores prescindían de la cantabilidad para explorar nuevos mundos estéticos.

Los franceses, que desde Berlioz adoptaron el término Mélodie, mantuvieron su tradición compositiva: Debussy, Ravel, Poulenc… Los rusos tampoco perdieron su lugar: Rachmaninov, Stravinski, Prokofiev… Otros países del continente europeo dieron sus propios frutos: Sibelius en Finlandia, Bartok en Hungría, Enescu en Rumania… Los británicos comenzaron a tener compositores relevantes en el género: Elgar, Vaughan-Williams, Britten… Entraron en escena compositores americanos: Villa-Lobos, Gershwin, Barber, Ginastera… Todos ellos merecen atención. En lo concerniente a España, con su riquísima tradición de música popular, comprobamos cierta continuidad compositiva de canciones, ligada al folklore propio y al de las respectivas culturas coloniales: Albéniz, Falla, Mompou, Toldrà, Montsalvatge… Y pese a sus altibajos, la llama permanece viva.


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