Posteado por: Mari Carmen | 7 octubre 2011

Gustav Mahler: centenario de su fallecimiento

Gustav Mahler (1860-1911)

Compositor y director bohemio-austriaco cuya obra marca el cenit de la evolución de la sinfonía romántica.

Sus composiciones están consideradas entre las más importantes del Postromanticismo.

Te presento el Adagietto, 4º movimiento de su Sinfonía nº 5:

Biografía

Gustav Mahler nació el 7 de julio de 1860 en el pueblo bohemio de Kaliste, que entonces pertenecía al imperio austro-húngaro. Su padre, de origen judío, era un pequeño comerciante que tuvo catorce hijos, de los cuales Gustav fue el segundo. A los pocos meses de su nacimiento, la familia se trasladó a Iglau, ciudad en la que asistió a la escuela primaria y secundaria.

Uno de los acontecimientos que más determinaron su futuro fue el descubrimiento de un piano en la casa de sus abuelos en Bohemia cuando tenía cuatro años y comenzó a tocarlo inmediatamente. Desarrolló su habilidad en la interpretación del instrumento pudiendo ser considerado como niño prodigio.

En Iglau había una guarnición de donde aprendería cientos de canciones de soldados y canciones populares. Su talento musical quedaba más que reconocido con el hecho de que a los cuatro años podía cantar más de doscientas canciones de este tipo. Se da por sentado que la excepcional disposición de Mahler para la canción popular, las marchas militares y las fanfarrias está enormemente relacionadas con estos recuerdos musicales de su niñez.

El padre del pequeño Gustav  apoyó el incipiente talento musical de su hijo  permitiendo que recibiera las primeras clases de piano y teoría musical cuando contaba cinco años de edad. No tardó en dar muestras de que estaba naturalmente dotado para la música y a partir de 1868 empezó sus estudios musicales de manera más formal;  en 1870 dio su primer concierto, con tan sólo diez años  de edad. Al año siguiente fue a Praga, donde permaneció un año, aunque sin gran provecho.

En 1874 sufrió la amarga pérdida de su hermano menor Ernst fallecido tras una larga enfermedad. Mahler trató de expresar sus sentimientos a través de la música. Con la ayuda de su amigo Josef Steiner comenzó a trabajar en una ópera, Duque Ernst de Suabia en homenaje a su difunto hermano, ópera de la que no se conserva ni la música ni el libreto.

En el curso 1875-76 entró en el Conservatorio de Viena ayudado por Julios Epstein, con quien estudió piano. En esta época compuso ya algunas obras serias que denotaban cierto academicismo. Recibió diversos premios y en el último año (1877–1878) se concentró en el estudio de la composición. Mahler pudo tener su primera experiencia como director con los estudiantes de la orquesta del Conservatorio, en ensayos y representaciones, aunque su principal papel en dicha orquesta fue como percusionista. Durante su estancia en el conservatorio compuso e interpretó su primera sonata para pianoforte y violín.

Por insistencia de su padre se inscribió en la Universidad de Viena (de 1877 a1880), pasando con dificultad el examen de entrada. Su interés universitario se dirigió hacia la literatura, la historia y la filosofía.

Es de gran importancia el que Mahler dividiera sus gustos entre la literatura y la música durante el período en que estudiaba en el Conservatorio de Viena. Durante el invierno de 1877 fundó un club literario al que se unieron muchos de sus amigos. Escribió mucha poesía y se vio a sí mismo principalmente como un compositor-poeta. Escribió los textos de la ópera Rübezahl y Das klagende Lied (La canción del lamento) en 1880, así como los de algunas de sus primeras canciones. Durante toda su vida estuvo poseído por una increíble pasión por la lectura. En muchas ocasiones manifestó que el leer tantos libros afectó radicalmente a su producción. Su horizonte filosófico y literario era extraordinariamente amplio. Abarcaba desde el pensamiento clásico griego a Shakespeare y los místicos alemanes (Jacob Boehme, Angelus Silesius), los escritores barrocos franceses (Racine y Moliére), los clásicos alemanes y la literatura romántica, Kant, numerosos filósofos del S. XIX, Dostoievski y Tolstoi, y, finalmente, los “modernos”, cuyo principal representante para Mahler era Ibsen.

Después de abandonar la Universidad, Mahler ganó algún dinero como profesor de piano, continuó componiendo y en 1880 acabó una cantata dramática, Das klagende Lied (La canción del lamento). Ésta, su primera obra sustancial, tiene muestras de las influencias de Wagner y Bruckner, aunque también toques “de su propia personalidad musical”.  Su primera representación no se produjo hasta 1901, presentada en una forma revisada y abreviada. Participó con la obra en un concurso de composición. Con esto planeaba decidir si dedicarse a la composición o a la dirección de ópera. El jurado era muy conservador, tenía como presidente a Brahms y las ideas innovadoras de Mahler, incluyendo una pequeña orquesta fuera de escena, no les convencieron y, por lo tanto, no ganó.

Mahler compuso prolíficamente entre 1875 y 1883 (música para piano, música de cámara, canciones, una obra sobre un cuento de hadas). Además comenzó varios borradores para óperas. Desgraciadamente han sobrevivido muy pocas de estas composiciones de juventud. El propio compositor destruyó algunas de ellas y otras se han perdido. Entre las obras que se han conservado se encuentran las primeras canciones impresas, el fragmento de un cuarteto para piano en La menor de 1876 y Das klagende Lied , una historia de hadas para solistas, coro y gran orquesta. Cuando posteriormente revisó la obra la convirtió en una cantata. Esta es la primera obra con la que Mahler declara haber encontrado su propio lenguaje y a la que llamó su Opus 1. El texto fue escrito por el propio Mahler basándose en historias y leyendas de Bechstein y los hermanos Grimm.

El compositor al que Gustav Mahler profesó mayor admiración durante toda su vida fue Wagner. Siempre sintió un gran entusiasmo por él, nunca se mostró crítico a invariablemente se refirió a él con un enorme respeto. Mahler se dedicó con gran entusiasmo al estudio de los escritos de Wagner.

El joven Mahler también estuvo muy influido artísticamente por Antón Bruckner, a quien conoció durante sus primeros años en Viena y a quien conocería mejor posteriormente, pero sin llegar a ser nunca alumno suyo.

La carrera de Mahler como director de orquesta se inició al frente de pequeños teatros de provincias como Liubliana, Olomouc y Kassel entre 1883 y 1885, en donde compuso sus Lieder eines fahrenden Resellen ante el amor no correspondido de la cantante Johanna Richter.  En 1886 fue asistente del prestigioso Arthur Nikisch en Leipzig, En 1888  alcanzó un puesto de director de la Opera de de Budapest, donde en 1889 estrenó su Primera Sinfonía, que, sin embargo, no tuvo éxito.En 1891, es nombrado director de la Opera de Hamburgo, puestos en los que tuvo la oportunidad de ir perfilando su personal técnica directorial.

Viajó a Inglaterra y Noruega y su reputación como director creció en toda Europa. Siguió componiendo durante las temporadas de verano y entre 1893 y 1896 terminó sus dos monumentales sinfonías siguientes.

Genial, neurótico y ambicioso, Mahler vio la posibilidad de convertirse en director de la Opera de Viena, su sueño dorado. Pero había un inconveniente: era judío, obstáculo que salvó convirtiéndose al catolicismo en 1897.

Mahler permaneció al frente de la Opera de Viena hasta 1907. Fue ésta una época de esplendor. En 1902 contrajo matrimonio con Alma Schindler (una mujer extraordinaria que le dio dos hijos, pero no la felicidad) y completó su Quinta Sinfonía. En 1906 estrenó su Sexta Sinfonía y sufrió un ataque cardíaco. En 1907, acusado de no atender bien sus funciones de director de la Opera, rescindió el contrato y se trasladó a Nueva York, al frente de cuya Filarmónica y en el Metropólitan dirigió conciertos y representaciones. Gustav hizo su debut en América el 1 de enero de 1908 dirigiendo Tristán en el Metropolitan de Nueva York. En 1909 fue designado director de la reorganizada NYPO. Al año siguiente, en Munich, dirigió las primeras dos presentaciones de su octava Sinfonía, regresando a Nueva York dos meses después.

Desde 1907 vivió bajo sombra de muerte debido a su problema de corazón. Esto lo condujo, en 1911, a una infección sanguínea severa que causó su muerte prematura el 18 de mayo del mismo año.

Al final de su vida dirigió en un estado físico quebrantado pero con extraordinaria intensidad expresiva y compuso sus últimas grandes partituras: la Novena Sinfonía y La canción de la Tierra, dejando incompleta la Décima.

Antes de morir, dejó tres largos y póstumos trabajos, la canción sinfónica “Das Lied von der Erde” y las Sinfonías 9 y 10. Das Lied y la Novena fueron presentadas por primera vez en 1911 y 1912, respectivamente, y dirigidas por Bruno Walter en Munich y Viena. La Décima Sinfonía no fue finalizada y solamente dos movimientos fueron puestos en escena, hasta que el erudito inglés Deryck Cooke descubrió en 1960 que el trabajo estaba completo en pequeñas partituras e hizo su presentación completa.

Dirección de óperas

Das klagende Lied fue presentada en concurso ante un jurado del Conservatorio de Viena con la esperanza de obtener el Premio Beethoven dotado con 600 florines, que le permitiría vivir y dedicarse a la composición. Pero el jurado eligió otro candidato y se vio obligado a aceptar la profesión de director de ópera, tarea que aborrecía profundamente.

Mahler fue más conocido como director que como compositor durante su vida. Su fama internacional se debía a sus excelentes interpretaciones de la óperas de Mozart, Weber, Wagner y Gluck, a su entrega a la música contemporánea, la seriedad de su arte y su perfeccionismo. Exigía al máximo a quienes trabajaban con él, luchaba contra la rutina diaria y consideraba la ópera como una gran obra de arte, echando por tierra de manera sorprendente las ideas del momento acerca del teatro musical.

A pesar de su éxito como director seguía desagradándole su tarea. Se quejaba con frecuencia de la servidumbre del trabajo operístico, que no le dejaba tiempo libre para dedicarse a la composición, dedicación a la que sólo pudo entregarse en los períodos de verano, durante toda su vida, de ahí que se llamara a si mismo “el compositor estival”. Pero también es innegable que su tan aplaudida orquestación y su propio e inconfundible timbre orquestal se deben en gran medida a su gran experiencia como director.

Canciones y sinfonías

La relación existente entre su producción sinfónica y la composición de canciones merece especial atención. Sólo considerar un ejemplo, la canción La vida celestial, fue en cierto sentido la simiente de su Cuarta Sinfonía. La música de las canciones de Mahler fue fuente de material para numerosos movimientos sinfónicos puramente instrumentales. Existen en sus sinfonías numerosos pasajes que tienen un aire semejante al de las canciones. En lo que se refiere a la elección de los textos. Mahler, se dedica además de a sus propios poemas, a los de Friedrich Rückert y a la recopilación de poemas populares conocida como Des Knabaen Wunderborn, que le fascinaba.

De sus 44 canciones, 24 han sido extraídas de esta última fuente. Las canciones de Mahler están estrechamente vinculadas a la canción popular, son estróficas, guardan en su mayoría una estructura diatónica y son sorprendentemente parcas en recursos técnicos. Su principio básico es la melodía y Mahler logra una gran intensidad expresiva utilizando medios de gran sencillez.

Los poemas de los famosos Lieder eines fabrende Resellen o Canciones de un camarada errante, completadas en Kassel en diciembre de 1884, son del propio compositor.

Audición: 3º Movimiento de la Sinfonía nº 1 “Titán” (Marcha fúnebre):

Las sinfonías de Mahler se caracterizan por su universalidad y sus dimensiones monumentales. Sus obras abarcan una gran variedad de movimientos y rasgos expresivos, gran parte de los cuales tienen una estructura tradicional. De sus 10 sinfonías solamente cuatro, la Primera, la Cuarta, la Sexta y la Novena, tienen cuatro movimientos. Las cuatro restantes, cinco, a excepción de la Tercera, que tiene seis movimientos. No es menos notable que dos de las sinfonías de cuatro movimientos, la Cuarta y la Novena, terminen con un movimiento lento.

Mahler basó algunos movimientos en texto que requerían solistas vocales y coros, extrayendo elementos de sus canciones y a menudo saltándose las normas establecidas con el tipo de tonalidades que empleó en estos movimientos. A finales del S. XIX Mahler intentaba crear una síntesis entre los principios de Beethoven y los de Wagner. Su ideal durante el primer período de su carrera como compositor fue el de la cantata sinfónica, con la Novena de Beethoven y su coral final siempre en mente. Cuatro de las sinfonías de Mahler, la Segunda, la Tercera, la Cuarta y la Octava, son ejemplos de cantata sinfónica. La Segunda y la Octava presentan reminiscencias del oratorio y pueden considerarse casi como una “total obra de arte” wagneriana, tan admirada por Mahler.

  • A continuación tienes un video con un fragmento de la Sinfonía nº 1 “Titán” dirigida por Karajan

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  • 2º Movimiento de la Sinfonía nº 2 “Resurrección”

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Aquí tienes el fragmento final de la Sinfonía nº 2:

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