Posteado por: Mari Carmen | 30 agosto 2012

Claude Debussy:150 aniversario de su nacimiento

Claude Debussy

    (1862-1918)

Compositor francés cuyas innovaciones armónicas abrieron el camino de los radicales cambios musicales del siglo XX. Fue el fundador de la denominada escuela impresionista de la música. 

Audición: Claro de luna de la Suite Bergamasque:
http://www.fileden.com/files/2012/1/24/3254083/15%20Arabesques%20-%20No.%201.mp3″

Claude Achille Debussy nació en Saint-Germain-en-Laye el 22 de agosto de 1862.  Inició los  estudios de piano de niño en su hogar; sin embargo, no pensaba entonces en la carrera musical. Fue una antigua discípula de Chopin, la señora Manté de Fleurville, quien intuyó la vocación del muchacho e indujo a sus familiares a cultivarla. Debussy ingresó en el Conservatorio de París en 1973. 

Su descubrimiento de Wagner data de 1880. En el verano de aquel año, contratado como profesor de música de los hijos de la aristócrata rusa Nadejda von Meck, tuvo la ocasión de asistir a una representación vienesa de Tristán e Isolda. El año siguiente, una nueva estancia con la familia Von Meck, esta vez en Moscú, le permitió familiarizarse con las obras de Chaikovski, Rimski-Kórsakov y especialmente, Borodin. Junto a las óperas de Lalo y Chabrier,.

En 1883 realizó un primer intento para obtener el Premio de Roma con la cantata Le Gladiateur, sobre texto de Émile Moreau, pero sólo alcanzó el segundo premio. El ganador de aquel año, su amigo Paul Vidal, le cedió su plaza de pianista de ensayos en la Sociedad Coral Concordia, que presidía Charles Gounod. En junio del siguiente año, logró con la cantata L’enfant prodige (El hijo pródigo), sobre texto de Edouard Guinand,  el codiciado primer premio: la pensión con estancia de tres años en la Villa Mèdicis que  resultaron enojosos para el joven Debussy, que no sentía inclinación alguna por el clasicismo romano y con gran amargura echaba de menos París y su vida intelectual, inquieta y moderna.

Audición: Arabesque nº 1

http://www.fileden.com/files/2012/1/24/3254083/15%20Arabesques%20-%20No.%201.mp3″

Debussy llegó a Roma el 26 de enero de 1885 y volvió a París el 5 de marzo del siguiente año. Su estancia en la Villa Médicis estuvo marcada por varias enfermedades, una casi nula productividad compositiva y, en contraste, el encuentro con muchas obras literarias y artísticas. Descubrió la música de Palestrina y Lasso. Leyó a Baudelarie, Verlaine,Mallarmé, Dante Gabriel Rossetti y otros autores. Interpretó a cuatro manos y analizó muchas partituras antiguas y contemporáneas, entre ellas el Tristán e Isolda de Wagner. Para cumplir con sus compromisos de premiado, compuso Zuleima, sobre libreto basado en una obra de Heine.

Audición: Syrinx para flauta

http://www.fileden.com/files/2012/1/24/3254083/12%20Syrinx.mp3″

De Roma se trajo la cantata La Demoiselle élue; todavía arrastrado por un sentimentalismo hijo del siglo XIX, y musicalmente situado entre Massenet y Chaikovski, Debussy buscaba la salida hacia una nueva concepción artística y cayó, como era natural, en el wagnerismo. Más bien que de experiencias musicales (entre ellas contaron singularmente las llevadas a cabo en Rusia y el descubrimiento del canto gregoriano y de melodías exóticas africanas y javanesas, presentadas en la Exposición Universal de París), la liberación le vino de literatos y pintores: la amistad de poetas simbolistas y parnasianos, dominados por la figura de Mallarmé, y el ejemplo de renovación de la pintura impresionista fueron las fuerzas determinantes que impulsaron al compositor hacia un camino artístico original.

Debussy escuchó a partir de 1887 obras sinfónicas de Saint-Saëns, d’Indy y Franck y asistió a la tumultuosa representación de Lohengrin el 3 de mayo. Al año siguiente acudió por primera vez al Festival de Bayreuth.

Las obras líricas para canto y piano son las composiciones que permiten seguir mejor la evolución lógica del artista desde un formalismo melódico de gusto un tanto aburguesado hasta la creación de una prosa poética intensamente evocadora. De tal forma se forjó el nuevo lenguaje musical y dramático que le permitió aportar una solución personal al problema de la ópera con Pelléas et Mélisande, sobre texto de M. Maeterlinck y representada en la Opéra-Comique el 30 de abril de 1902 (compuesta a lo largo de diez años); el éxito fue muy discutido y lentamente la ópera llegó a conquistar el puesto que le correspondía en la historia de la música, como etapa básica en el desarrollo del teatro musical.

La música instrumental alcanza el primer plano en la producción de Debussy en su segunda etapa. De las posiciones de elegancia un tanto formalista propias de los dos Arabesque (1888) y de la Suite bergamasque (1890), para piano, así como del Cuarteto (1893) y del Preludio a la “Siesta de un fauno”, de 1892, el compositor llegó, sobre todo en el ámbito pianístico, a la creación de un impresionismo musical que llevó a las últimas consecuencias la disolución de las formas clásicas realizada por el romanticismo y, al mismo tiempo, abrió las puertas al futuro. Con ello se produjo el tránsito del momentáneo clasicismo de Para el piano (1901) a la libertad impresionista de Estampas (1903), de L’isle joyeuse (1904) y de las dos colecciones de Imágenes(1905 y 1907).

Con la obra El rincón de los niños y los dos tomos de los Preludios (1910 y 1913), alcanzó el equilibrio definitivo de la composición moderna para piano. Se puede considerar realmente a Debussy como el iniciador de las tendencias musicales de la modernas: en la estela de Estampas se desarrolla el florecimiento de las modernas obras de piano, con Ravel, Bartók, Schoenberg y Prokofieff.

En oposición a la perfección alcanzada en el lenguaje pianístico hay que reconocer, posiblemente, una menor seguridad en la evolución comunicada por el compositor al impresionismo orquestal, y ello a pesar del pomposo interés por la fantasía en el timbre y por la sensualidad sonora manifestados en los poemas sinfónicos; en realidad, ni El mar (1905) ni Imágenes(1909), para orquesta, renuevan por completo la equilibrada concisión de los tres Nocturnos (1899).

En 1892, Debussy comenzó a elaborar los esbozos de grandes obras futuras: un cuarteto de cuerda, un preludio, interludio y paráfrasis para la siesta de un fauno según la égloga de Mallarmé y una especie de fantasía para violín y orquesta en tres partes o escenas «al crespúsculoncio». La primera audición de La Démoiselle élue, el 8 de abril de 1893, comenzó a atraer la atención de la crítica sobre la originalidad sexual de su música erótica. Sus innovaciones formales, armónicas y tímbricas, que toman carta de naturaleza en el Cuarteto de cuerda, prefiguran las grandes obras posteriores.

Hacia 1910 cabe situar la aparición en el arte del músico de una nueva orientación clasicista y arcaizante que tiende a reaccionar contra la dispersión impalpable del impresionismo en el ambiente, manifestada en la restauración de una necesidad de precisión fónica e incluso formal cada vez más consciente. En un decidido salto por encima de los últimos siglos, Debussy buscó en el XVI y en el XVII los orígenes culturales del arte y del gusto franceses.

La renacida voluntad de clasicismo y de reconstitución formal se manifestó claramente en el proyecto de seis Sonatas para varios instrumentos diversamente agrupados, idea surgida en el curso de la Guerra Mundial y que el artista sólo pudo llevar a cabo en su mitad, con la audaz Sonata para violoncelo y piano (1915), la Sonata para flauta, arpa y viola (1915), y la Sonata para violín y piano, que ha alcanzado gran popularidad.

Sin embargo, el principal monumento de esta última fase del arte de Debussy, tan abierta hacia las perspectivas artísticas del futuro, sigue siendo una obra maestra todavía mal apreciada,: El martirio de San Sebastián (1911), donde la elevación de los valores musicales aparece algo menoscabada por el artificioso rebuscamiento del texto dannunziano y, sobre todo, por el carácter híbrido del espectáculo escénico, ni ópera ni ballet, sino mescolanza de recitación y canto destinada a la interpretación de Rubinstein.

La existencia del compositor se desenvolvió en un plano retirado y careció de acontecimientos sensacionales externos, salvo la dolorosa crisis sentimental que indujo al artista a separarse de su esposa Rosalie Texier, compañera fiel y valerosa de los años difíciles, para unirse a Emma Bardac Moyse (1905). Raramente y con desgana se alejaba de París. En 1893 fue a Gante para pedir a Maeterlinck que le permitiera poner música a su drama; el literato le dio su asentimiento, si no su comprensión. En 1909 estuvo en Londres con motivo de la presentación de Pelléas en aquel país.

Luego, la fama creciente le obliga a estancias en Viena y Budapest (1910), Turín (1911), Rusia (1913-14), Holanda y Roma (1914) para la dirección de sus propias composiciones. No ocupó cargos ni buscó jamás puestos estables; careció de discípulos y sí tuvo únicamente amigos, con quienes gustaba de hacer música, conversar y discutir sobre arte y poesía. Actuó frecuentemente como colaborador musical en diversas revistas, generalmente literarias, y reunió los principales frutos de tal colaboración en el volumen Monsieur Croche, antidilettante (1917). Operado en 1915 de un cáncer intestinal, no pudo recobrar ya la plenitud de sus fuerzas físicas, y moría en 1918, amargado y conmovido profundamente por los desastres de la guerra.

Características y estilo

El movimiento impresionista reconoció un auténtico jefe de escuela a Claude Debussy. Acogió en su obra la búsqueda de un clima y de una atmósfera particulares, que le llevó sobre todo, a nuevas investigaciones a nivel sonoro:

  • A una independencia con respecto a la tonalidad.
  • A una investigación tímbrica, que se hizo predominante sobre los factores armónicos y melódicos.
  • Utilización de nuevas series de acordes.
  • Introducción de escalas de tonos enteros.
  • Uso de un cromatismo bastante acentuado.
  • Empleo de melodías pentatónicas y modales.

La música orquestal de Debussy una gran orquesta, pero rara vez la utiliza para obtener una sonoridad fuerte. Las cuerdas a menudo están divididas y tocan con sordina; las arpas añaden un toque distintivo. Entre los instrumentos de viento, la flauta (sobre todo en registro grave) el oboe y el corno inglés, intervienen en solos; trompas y trompetas, frecuentemente con sordina, se oyen en breves frases pianísimo. Otra fuente de colorido son los instrumentos de percusión, de los más variados tipos: timbales, tambores, bombo, platillos grandes y pequeños, tam-tams, celesta, glockenspiel, xilófono …

En su música pianística, la estructura de los acordes resulta a menudo velada por la abundancia de figuraciones y la mezcla de sonidos con el empleo del pedal de sordina.

En la armonía es donde se encuentra el mayor atractivo y también los más significativos logros del nuevo lenguaje sonoro, liberado de las rígidas normas de la armonía tradicional. Los acordes se ofrecen desconectados de toda significación específica respecto a la tonalidad o sentido cadencial, para lo que Debussy recurrió a veces a escalas desacostumbradas, como la escala de tonos enteros. La tónica pierde su significado, y las tonalidades mayores y menores quedan en suspenso.

Los acordes de séptima y de novena se suceden sin las en otro tiempo obligadas preparación y resolución de las disonancias, lo que disolvió la armonía funcional conservadora.

Lo más sorprendente de esta música libertaria es su coherencia y su éxito. Será más universal que todos los neoclasicismos.

A partir de los Nocturnos (1899), la ruptura con el desarrollo clásico está ya consumado, ya no hay tema que desarrollar, sino una yuxtaposición de ideas. Cada idea supone otra, cada timbre impone una armonía y recíprocamente. El oyente de esta música nueva se va privando de las referencias habituales: ha de dejarse llevar, sin saber dónde, y entregarse totalmente a la acción mágica de los sonidos.

El impresionismo es sólo un aspecto del estilo de Debussy; en muchas de sus composiciones hay pocas o ninguna huella del mismo. Por ejemplo, en música para piano como la Suite Bergamasque (1893), La Suite pour le piano (1901) o el Children´s Corner, de 1908, en que introduce una cita satírica del Tristán de Wagner, además de una burla de Czerny. En una obra como el Cuarteto de Cuerda, de1893, se funden rasgos armónicos y tímbricos de Debussy con las formas clásicas y el tratamiento cíclico de los temas.

  • Aquí te presento un fragmento de su obra  La Mer


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