Posteado por: Mari Carmen | 3 enero 2012

La música y el músico en la sociedad. El mecenazgo.Capillas musicales

El papel social de la música y del músico en el renacimiento.

La música es valorada por el hombre renacentista como no lo había sido anteriormente.

Sube la consideración social del músico que sale del anonimato medieval y se convierte en un cotizado objeto de disputa entre las cortes que solicitan sus servicios. Ahora el músico es un profesional. Se pasa de un solo impulsor de la vida cultural, la iglesia, al nuevo impulso que dan las cortes, por lo que pocos músicos componen exclusivamente música religiosa.

Durante la Edad Media, la composición musical no era propiamente una profesión, sino más bien una actividad complementaria de las obligaciones cotidianas de algunos miembros activos de una gran iglesia o un monasterio. Quienes componían permanecían en el anonimato y se les consideraba más bien conservadores de una tradición. En algunos casos lograban sobresalir, pero sin que su personalidad individual llegase a interesar a la sociedad a la que pertenecían.

Durante el Renacimiento, sin embargo, la creciente complejidad técnica de la polifonía, extendida ya por toda Europa y considerada un acompañamiento insustituible de las ceremonias religiosas y políticas desarrolladas en las catedrales y los palacios, exigía un cierto número de profesionales. Obispos y príncipes deseaban contar con la presencia estable de músicos bien preparados y les pagaban generosamente. Así se crearon en grandes iglesias, catedrales y cortes las llamadas capillas musicales, formadas por un cierto número de cantores expertos presididos por el maestro de capilla, cargo reservado a los cantores en posesión de las nuevas técnicas y capaces de enseñarlas a los miembros más jóvenes del coro.

Pagados para hacer y enseñar música, los mejores músicos se movían de una capilla a otra, atraídos por las ventajas económicas o por el atractivo de la experiencia artística que se les proponía. Poco a poco, los compositores tomaron conciencia de su importancia profesional. Su técnica musical, cada vez más compleja y elaborada, les permitía gozar de una gran prestigio, y surgieron las primeras figuras internacionales de la música. Su orgullo profesional se aprecia, por ejemplo, en el modo en que se citaban unos a otros en sus composiciones, a modo de homenaje.

Sin embargo, es muy poco probable que los compositores del Renacimiento se hubiesen considerado a sí mismos compositores en el sentido que hoy damos a este término. No hay que olvidar que, aún durante varios siglos más, la música será sólo la compuesta para una ocasión determinada, y el profesional, el compositor artesano, componía música “nueva”, son conciencia del pasado musical ni esperanzas de perdurar.

Por otra parte, hay que recordar que la polifonía, cada vez más compleja, fue convirtiéndose poco a poco en patrimonio de una minoría social selecta: príncipes, nobleza, iglesia. El pueblo llano se apartó de una música demasiado culta, que sólo se oía en iglesias y palacios, y cultivó otra, transmitida de forma oral y adaptada a sus necesidades, dando lugar a la música popular.

El mecenazgo

En música, al igual que en el resto de la artes y en especial la pintura surge el fenómeno del mecenazgo, éste consistía en la demanda de artistas que venían a dar prestigio y era un medio de propaganda del mecenas tanto a nivel religioso como laico, ello hará que reyes y príncipes viajen acompañados de sus músicos, de ahí su gran importancia social.

El mecenazgo es el patrocinio a artistas, a fin de permitirles desarrollar su obra.

El mecenazgo apareció en el renacimiento y aunque los artistas no recibían un pago por el trabajo inmediatamente, si que podían recibir comida y un lugar para vivir con el mecenas, o a veces algo de dinero.

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Las Capillas musicales

Las Capillas musicales eran las instituciones más importantes y daban empleo a muchos de los compositores y músicos más destacados. Estaban formadas por el conjunto de cantores e instrumentistas que trabajan al servicio de una determinada catedral, monasterio, iglesia o corte, por lo tanto se desarrollaron tanto en ambiente religioso como profano.

De este modo las capillas de música se convirtieron no sólo estructuras de interpretación musical, sino también centro de composición, de copia y difusión de música, y las principales escuelas de música de este largo período.

Maestro de capilla.

El director musical  y principal responsable de la capilla recibía el nombre de Maestro de capilla.

Entre sus responsabilidades estaban las siguientes: determinar el repertorio que interpretaría, de componer en la mayoría de casos, de obtener copias de repertorio proveniente de otros centros cuando fuera deseable, de ensayar este repertorio, de enseñar canto y música en general a los niños o adolescentes que cantaban las voces superiores en la polifonía (y en muchos casos también era responsable de otros elementos referidos a estos niños como por ejemplo su aprendizaje de un instrumento, su instrucción o formación general y hasta de su manutención), de dirigir el grupo en sus interpretaciones, y de representar los músicos ante los responsables de la institución a la que pertenecía la capilla.

Durante siglos, el cargo de maestro de capilla representó el máximo escalafón al que podía llegar un profesional de la música de manera que muchos de los compositores de los siglos XV  y XVI (y aún en el XVII y XVIII) ejercieron de maestros de capilla. Por eso era frecuente que, además de sus obligaciones al servicio de la capilla, fueran requeridos para otras tareas, como exámenes, oposiciones, etc.

Cantores e instrumentistas

El número de los cantores e instrumentistas podía variar, en función de los estilos y los tipos de institución a los que servían, o si era de tipo secular o religioso, y a los gastos que esta institución les dedicaba.

En lo que se refiere a la interpretación de la música religiosa, las capillas contaban siempre con niños y adolescentes que cantaban las voces de tiple y contralto de la polifonía, dada la imposibilidad a que las mujeres pudieran cantar este tipo de música. El coro se completaba con un número también variable de hombres adultos que cantaban las partes de tenor y bajo en las capillas vinculadas a las catedrales, estas voces graves solían estar en cargo de personas del estamento eclesiástico, en los conventos y monasterios. En algunos casos también hubo hombres adultos que cantaron como falsetistas o como castratos.

La composición de los grupos instrumentales de las capillas también era variable, con una importante presencia de instrumentos de viento ; una figura que nunca faltaba era el organista.


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